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Auditoría bajo sospecha: críticas por elección en la ASF

Diputados eligen nuevo auditor de la ASF entre acusaciones de nepotismo y opacidad, tras descartar perfiles que proponían cambios profundos.

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La jornada legislativa que definiría el rumbo de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) terminó marcada por críticas y sospechas. Lejos de representar un giro hacia la transparencia, la decisión de la Cámara de Diputados fue interpretada por diversos sectores como un paso más en la continuidad de prácticas cuestionadas dentro del máximo órgano fiscalizador del país.

Durante el proceso de selección, legisladores federales descartaron perfiles que algunos especialistas consideraban innovadores y técnicamente sólidos. Entre ellos figuraba la ex titular del Órgano de Fiscalización del Estado de México, Miroslava Carrillo, así como el académico Lázaro Millán Vilchis, quien había planteado incorporar herramientas de Inteligencia Artificial para realizar auditorías en tiempo real y fortalecer la vigilancia del gasto público.

Pese a estas propuestas, la mayoría parlamentaria optó por una terna que para críticos representa continuidad antes que transformación. En los pasillos del Congreso resonó la frase que resume el sentir de algunos analistas sobre la decisión: “más vale malo por conocido que nuevo por conocer”.

La votación dejó claro, según voces mixtas, que los méritos profesionales no siempre pesan tanto como los equilibrios políticos cuando se trata de elegir a quien vigilará el uso de los recursos públicos. La propia historia del organismo ha sido objeto de cuestionamientos. Durante años, diversos reportes periodísticos a nivel nacional han señalado irregularidades y presuntos vínculos políticos en la conducción de la institución encargada de fiscalizar el dinero de los contribuyentes.

Resultó en una polémica elección

La terna final quedó integrada por Aureliano Hernández Palacios Cardel, Elizabeth Barba Villafán y Luis Miguel Martínez Anzures. Finalmente, el elegido fue Aureliano Hernández Palacios.

Su designación no tardó en despertar polémica. El nuevo auditor es hijo de Aureliano Hernández Mirón, ex secretario particular de Claudia Sheinbaum durante su gestión como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, además de ser considerado cercano al auditor saliente, David Colmenares.

Para algunos críticos, el episodio confirma una vieja percepción sobre la institución. Como dice el dicho popular, “el miedo no anda en burro”. En ese contexto, tampoco faltan quienes interpretan la decisión como una señal política para frenar cambios profundos en la fiscalización. De hecho, el planteamiento de auditar el gasto público en tiempo real parecía tocar intereses sensibles dentro del aparato gubernamental.

La advertencia que circula entre analistas es clara: si no se transforman los mecanismos de vigilancia, el riesgo de que los recursos públicos continúen desviándose seguirá presente. Ocho años de gestión abren ahora un nuevo capítulo para la ASF, aunque la duda persiste: si habrá verdadera rendición de cuentas o simplemente la continuidad de las viejas prácticas.

DAM

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