Alfeñique y baches: qué omite la propuesta de Melissa Vargas
Alfeñique y baches abre el debate en Toluca: recortar conciertos no garantiza resolver el deterioro vial de la capital.

La propuesta de Melissa Vargas (PRI) para enfrentar el deterioro vial de Toluca abrió una discusión que va más allá de tapar baches. La priista plantea reducir recursos destinados a espectáculos del Alfeñique y trasladarlos a la rehabilitación de calles.
Sin embargo, el debate sobre Alfeñique y baches parte de una comparación que deja varias preguntas económicas y presupuestales sin resolver. Hasta ahora, no existe evidencia pública que demuestre que disminuir los conciertos solucionaría de manera estructural el deterioro vial.
Vargas entregó este 21 de septiembre más de 8 mil firmas de “dudosa procedencia” recabadas mediante Change.org para respaldar su planteamiento. La petición solicita preservar la feria, pero reducir el gasto destinado a espectáculos artísticos considerados de alto costo.
La movilización contó con participación de integrantes y simpatizantes del PRI, y se caracterizó, según señalamiento en redes sociales, por la ausencia de respaldo de los presuntos “firmantes” de la petición digital.
También se registraron consignas en contra de la administración municipal en turno.
Ese contexto coloca la discusión también dentro del terreno político, con elementos que ponen sobre la mesa un intento priista de politizar un problemática que arrastra la capital mexiquense desde hace más de diez años, para apalancar una intención electoral determinada rumbo a 2027.
Alfeñique y baches: una equivalencia que necesita contexto
Uno de los principales argumentos de Vargas consiste en traducir el presupuesto cultural a metros cuadrados de reparación vial.
Sus promotores estimaron alrededor de 70 millones de pesos para el Alfeñique 2026. Con esa cantidad calcularon aproximadamente 64 mil 300 metros cuadrados de bacheo o cerca de diez kilómetros de vialidades.
No obstante, ese monto no corresponde a un presupuesto oficial confirmado al momento de presentar la propuesta. Se trataba de una estimación empleada por sus impulsores.
Además, transformar dinero destinado a conciertos directamente en una cantidad determinada de baches simplifica el problema.
No todos los daños en las calles cuestan lo mismo. El precio depende de superficie, profundidad, materiales y procedimiento requerido. Algunas vialidades necesitan bacheo superficial. Otras requieren intervenciones más amplias.
Por ello, una equivalencia presupuestaria permite dimensionar dinero, pero no sustituye un proyecto ejecutivo de obra.
El alcalde Ricardo Moreno destinó 221 millones 476 mil pesos a una segunda etapa de bacheo durante 2025. El programa contempló 48 frentes simultáneos y recursos municipales y federales, trabajos de bacheo y rehabilitación que, con base a una programación municipal, sigue en curso en 2026.
Así, incluso una transferencia de decenas de millones representaría solamente una fracción de los recursos necesarios para una estrategia vial de gran escala que hoy ya lleva a cabo Moreno Bastida en Toluca.
El problema vial no comenzó con el Alfeñique
El deterioro de una red urbana requiere mantenimiento permanente, rehabilitación que se dejó en abandono por el PRI en múltiples administraciones desde hace más de 10 años, dato preocupante y que fue reconocido públicamente por Melissa Vargas. Por tanto, financiar bacheo con recursos extraordinarios de un festival no elimina esa obligación en los ejercicios siguientes.
Durante 2025, el Ayuntamiento reportó miles de reparaciones y desplegó programas de bacheo, pavimentación y conservación vial.
En octubre de ese año, la administración de Ricardo Moreno informó que una primera etapa había atendido 14 mil 262 baches. Obras Públicas agregó otros 8 mil 614 trabajos.
Posteriormente, el gobierno municipal reportó avances adicionales en una amplia cantidad de delegaciones. Estos datos provienen del propio Ayuntamiento y corresponden a sus informes administrativos.
Lo anterior, puede sostener que el gasto en vialidades y el presupuesto cultural funcionan como políticas públicas diferentes. Quitar recursos de una no sustituye la necesidad de financiar permanentemente la otra.
Por ello, el debate presupuestal también debería explicar cuánto requiere Toluca cada año para conservar adecuadamente su red vial.
Ante ello, Moreno Bastida ha impulsado iniciativas públicas como la “Ley bache” en ante el Congreso de la Unión para permitir a los municipios invertir recursos federales en mantenimiento permanente de vialidades, como lo es el “bacheo”, cosa que la legislación al día de hoy limita a través de fondos estatales y/o federales como FAISMUN y FEFOM respectivamente, los cuales no permiten destinar de manera oportuna recursos a mantenimiento menor.
Recortar conciertos también tendría un costo económico
La propuesta concentra su atención en cuánto cuestan los espectáculos. Sin embargo, analiza menos lo que podrían generar alrededor de ellos.
El Ayuntamiento estimó que el Alfeñique 2025 acumuló más de cuatro millones de asistencias durante toda su programación.
Además, calculó una derrama económica superior a mil 751 millones de pesos durante la temporada.
Los visitantes consumen alimentos, utilizan transporte, compran productos, acuden a comercios y pueden contratar hospedaje. Por ello, un espectáculo masivo también puede funcionar como detonador de actividad económica.
La OCDE reconoce que los acontecimientos culturales pueden apoyar negocios locales, generar empleos, fomentar turismo y fortalecer la proyección de las ciudades.
Por consiguiente, retirar recursos de los conciertos no significa trasladar intacto el mismo valor económico de un sector hacia otro.
Los conciertos forman parte del atractivo del festival
Los espectáculos de mayor convocatoria tampoco aparecen aislados de la dinámica del Alfeñique.
Durante 2025, el Ayuntamiento reportó cientos de miles de asistentes en conciertos estelares. Además, registró más de 3.5 millones de visitas al festival antes de concluir octubre.
No existe información pública suficiente para determinar cuántos visitantes acudieron exclusivamente por los artistas.
Sin embargo, tampoco existen datos que permitan asumir que mantener la misma afluencia sería posible eliminando las presentaciones de mayor alcance.
Ese vacío resulta relevante.
Para valorar un recorte deberían compararse, entre otros elementos, costo por asistente, visitantes foráneos y consumo adicional generado.
También deberían analizarse ocupación hotelera, contratación de proveedores, ventas comerciales y beneficios para artesanos.
Sin esas variables, resulta difícil establecer cuánto dinero realmente se “ahorraría” después de considerar posibles efectos económicos.
Cultura también significa actividad económica
Reducir el debate a infraestructura contra entretenimiento tampoco refleja completamente el peso económico de las actividades culturales.
INEGI calculó que durante 2024 la cultura representó 2.8% de la economía nacional.
Además, el sector generó 1 millón 430 mil 528 puestos de trabajo, equivalentes al 3.5% del total contabilizado.
Sin embargo, muestran que la cultura también forma parte de la actividad productiva.
Por ello, cualquier modificación presupuestal tendría que considerar tanto el ahorro inmediato como sus eventuales efectos comerciales y turísticos.
La discusión de fondo, entonces, no termina calculando cuántos baches equivalen al costo de un cantante.
El planteamiento obliga a responder preguntas más amplias: cuánto necesita Toluca para conservar sus calles y cuánto aporta realmente su principal festival cultural.
También queda por determinar qué parte de la asistencia y derrama depende de los conciertos masivos.
Mientras esas variables no se midan conjuntamente, la comparación entre escenario y pavimento seguirá siendo una aproximación presupuestaria o, incluso, una suerte de “jugarreta” político-electoral por parte de Melissa Vargas y sus partidarios, más no una evaluación integral de política pública.
DAM
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